¿Es recomendable correr por la playa?

Nuestra respuesta es que depende del objetivo que se busque y el estado en el que se encuentre uno.

Correr por la playa supone un aumento de la intensidad y siempre se debe hacer por la parte de la arena más compacta y húmeda evitando en cualquier caso las horas de más calor para prevenir insolaciones y deshidrataciones importantes.

Correr descalzos supone un plus de esfuerzo ya que se ven implicados un número mayor de músculos. Nuestro pie desnudo recibe todo nuestro peso impactado contra el suelo sin ningún medio adicional que le aporte seguridad y contención, por tanto la estabilidad del tobillo, principalmente, se ve bastante comprometida. Sólo recomendamos correr descalzos para aquellos corredores más experimentados que tengan una buena técnica de carrera y musculatura entrenada que los refuerce, aquellos corredores principiantes u ocasionales deben llevar siempre un buen calzado deportivo.

 

Para aquellas personas con problemas ligamentosos que denoten inestabilidad articular así como problemas intrínsecos en la articulación no sería nada recomendable ejercicios de trote o carrera, le estaríamos pidiendo a nuestras articulaciones, las cuales ya están perjudicadas, un esfuerzo para el cual no están preparadas. Además, habitualmente los terrenos no se encuentran lisos y homogéneos, presentan desniveles los cuales nos obligan a modificar nuestra pisada y en ocasiones realizar movimientos espontáneos que aumentan el riesgo de lesión. En estos casos, sin embargo, recomendamos encarecidamente otro tipo de ejercicios, de propiocepción, en los que entrenamos los receptores del equilibrio y posición articular, con los cuales nuestras articulaciones estarán más protegidas y para los cuales la playa es un medio ideal. Aunque parezca algo complejo, simplemente con andar por esta superficie, ya es un ejercicio de equilibrio y propiocepción.

Asimismo, para aquellos corredores que padezcan la habitual periostitis tibial, no creemos que sea beneficioso este tipo de terreno y menos aún descalzos, pues al carecer de la amortiguación del calzado, la pierna recibe todo el impacto por completo, agravando su lesión.
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Pasear por la playa está muy indicado para todo tipo de personas, haciendo hincapié, en personas mayores:

 

-Osteoporosis: Al recibir el sol se favorece la síntesis de vitamina K que es la responsable de la fijación de calcio al hueso, por tanto en personas con osteoporosis le sería muy beneficioso darse un paseo en un día soleado.

–        Problemas de circulación: Las almohadillas plantares son las responsables de impulsar la sangre hacia arriba, éstas, junto a la musculatura de las piernas son las responsables de que la circulación vaya hacia arriba con cada paso que damos, así evitamos que se acumule en los pies y forme varices. El paseo, sumado al contacto con el agua del mar, habitualmente fría, producen un efecto muy positivo en la circulación.

–        Mejora el estado de la piel: La arena actúa como un exfoliante natural, en caso de rozaduras, callos,… mejorarán bastante con esta práctica.

–        Efecto relajante: Al tener pleno contacto de la planta del pie con una superficie moldeable que se adecua perfectamente a la forma de nuestra pisada, nuestro pie se ve gratamente estimulado produciendo un efecto sedante y relajante.

Lo que supone la playa como terreno por el cual realizar una práctica deportiva puede ser una gran aliada, tanto para fortalecer nuestros miembros inferiores, mejorar nuestro equilibrio y propiocepción como para prevenir futuras lesiones. Sin olvidarnos de los beneficios extras que suponen el entorno en el cual paseamos y corremos como son el agua del mar (talasoterapia) y el sol. Por ello recomendamos la práctica de ejercicio en la arena siempre de manera responsable siendo conscientes de nuestro estado y de lo que buscamos.

 

 

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